La guerra moderna ya no se libra solo con misiles, sanciones o comunicados oficiales. También se libra en redes sociales, con vídeos virales, símbolos reconocibles y mensajes diseñados para golpear emocionalmente antes que racionalmente.
Eso es lo que muestra el vídeo difundido por la Embajada de Irán en Túnez, donde el Cristo Redentor de Brasil aparece enfrentándose a la Estatua de la Libertad de Estados Unidos. La escena, generada con inteligencia artificial, muestra al monumento brasileño derrotando al símbolo estadounidense bajo el mensaje “One front. One fight”. Medios como Última Hora recogieron que el vídeo fue publicado por la representación iraní y situado visualmente en Río de Janeiro.
La elección de Brasil no parece casual. El vídeo aparece en un contexto de tensiones entre Washington y Brasilia, después de que el Gobierno de Donald Trump amenazara con imponer aranceles del 25% a productos brasileños y clasificara al PCC y al Comando Vermelho como organizaciones terroristas globales, según recogió la revista brasileña Veja.
Ahí está la clave política: Irán no solo ataca simbólicamente a Estados Unidos. También intenta presentar a Brasil como una fuerza emergente capaz de disputar el imaginario de poder en América. Frente a la Estatua de la Libertad, símbolo clásico del poder estadounidense, coloca al Cristo Redentor, uno de los emblemas más reconocibles de América Latina.
El mensaje es simple y potente: el centro del continente ya no tiene por qué mirar solo a Washington.
Pero conviene no dejarse arrastrar por la épica del vídeo. Que Estados Unidos haya ejercido históricamente poder e influencia sobre América Latina no convierte automáticamente cualquier propaganda antiestadounidense en una propuesta emancipadora. Irán también defiende sus intereses, su relato y su propia agenda geopolítica.
La guerra digital funciona así: toma símbolos que todos reconocemos, los convierte en combate y nos obliga a elegir bando antes de pensar.
Por eso la pregunta no es solo quién gana en el vídeo. La pregunta es quién gana cuando la política internacional se convierte en espectáculo viral.