Miércoles, 16 de septiembre de 2026
Internacional · Sociedad

La derecha intentó humillar al activista Hasan Piker con una foto en ropa interior y consiguió el efecto contrario

Bloomberg

Durante la convención del Partido Republicano en Dallas, celebrada la semana pasada, alguien decidió proyectar en una pantalla gigante una fotografía en la que el streamer y activista socialista Hasan Piker posaba en ropa interior frente al espejo. La imagen, publicada por él mismo en 2024, buscaba humillarlo ante el público conservador. El resultado fue el contrario: Piker se lo tomó con humor —»¡Me han difuminado el pene!», bromeó en directo— y las búsquedas en Google de «Hasan Piker sin camiseta» se dispararon un 5.000%.

Piker, de 35 años, es una de las voces más seguidas de la izquierda estadounidense en YouTube y Twitch, con una audiencia mayoritariamente joven y en la que cerca del 40% se identifica con una orientación sexual distinta de la heterosexual. Su intento de desprestigio, calificado por analistas como un caso de slut-shaming —el juicio moral sobre la exposición del cuerpo de alguien—, se topó con una realidad: mostrar el físico en redes sociales, también entre políticos y empresarios, es hoy algo habitual y no motivo de vergüenza.

Lo que el episodio ha puesto sobre la mesa es un doble rasero muy conocido por las mujeres que analizan política en televisión. La comentarista Sarah Santaolalla lo resume así: «¿Qué tengo que hacer para entrar en el canon de la derecha? Realmente solo les molestan las mujeres que no se doblegan». La estadounidense Symone Sanders-Townsend recuerda haber recibido comentarios sobre sus uñas o su escote en lugar de sobre sus análisis, algo que Piker, pese a la burla republicana, no ha sufrido: su imagen ha generado simpatía, no cuestionamiento de su capacidad.

La pregunta que queda flotando, y que varias analistas han planteado esta semana, es sencilla: ¿habría corrido la misma suerte una comentarista si hubiera sido ella la que apareciera en esa pantalla gigante? La experiencia de mujeres como Santaolalla o Sanders-Townsend sugiere que no. El cuerpo masculino en política se celebra; el femenino, se usa como arma para desacreditar.

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