Reuters
España ha vivido un junio de 2026 excepcionalmente cálido y seco, según el último informe de la AEMET, que confirma una tendencia climática cada vez más preocupante. Las temperaturas récord y la escasez de lluvias han convertido este mes en uno de los más extremos registrados en la historia reciente.
Con una temperatura media de 23,3 ºC, el mes se situó 3,2 ºC por encima de lo habitual, lo que lo convierte en el segundo junio más caluroso desde 1961. Este dato no es aislado: la mayoría de los junios más cálidos se concentran ya en el siglo XXI, reflejando un calentamiento sostenido en el país.
El episodio más intenso se produjo entre el 21 y el 25 de junio, cuando muchas zonas registraron valores hasta 9 ºC superiores a la media. Ciudades como Lleida y Bilbao alcanzaron temperaturas cercanas a los 43 ºC, cifras poco habituales para este periodo.
A este calor extremo se sumó una grave falta de precipitaciones. La media nacional apenas alcanzó los 12,4 mm, lo que representa solo el 39 % de lo normal. Esto sitúa a junio de 2026 como el tercer más seco desde que hay registros, con especial impacto en el valle del Ebro, el Mediterráneo y amplias zonas del interior.
Las consecuencias van más allá de los datos meteorológicos. La combinación de calor y sequía incrementa la presión sobre los recursos hídricos, afecta a la agricultura, eleva el riesgo de incendios forestales y tiene un impacto directo en la salud, especialmente durante olas de calor cada vez más frecuentes e intensas.
Además, los ecosistemas también se ven afectados: la falta de agua reduce los caudales de ríos y humedales, alterando hábitats y poniendo en riesgo la biodiversidad.
El balance de AEMET confirma que estos fenómenos ya no son episodios puntuales, sino parte de un nuevo escenario climático. España se consolida así como uno de los territorios europeos más expuestos al impacto del cambio climático, lo que obliga a reforzar las medidas de adaptación en ámbitos clave como el agua, la gestión forestal o la planificación urbana.