Irak prepara un fuerte aumento de su producción de petróleo que podría cambiar el equilibrio del mercado mundial y poner a prueba a la OPEP, la organización que agrupa a varios de los principales países productores de crudo y que intenta coordinar cuánto petróleo sacan al mercado para influir en los precios.
Irak ya está aumentando su producción. En septiembre alcanzó unos 4,4 millones de barriles diarios, un 10% más que en agosto y su nivel más alto del año. El país dispone además de algunas de las mayores reservas de petróleo del mundo, por lo que tiene capacidad para seguir incrementando el bombeo.
La cuestión es sencilla: cuanto más petróleo haya disponible, mayor puede ser la presión sobre los precios si la oferta crece más rápido que el consumo. Por eso el movimiento de Irak preocupa a quienes intentan mantener un mercado estable.
Irak quiere conseguir además una cuota de producción mayor dentro de la OPEP+. La OPEP+ es una alianza más amplia que incluye a los países de la OPEP y a otros grandes productores, entre ellos Rusia.
El interés de las grandes petroleras internacionales por el crudo iraquí también está creciendo. Para Irak, producir más significa obtener mayores ingresos y aprovechar sus enormes reservas.
El problema es que otros países productores pueden querer hacer exactamente lo mismo. Si cada miembro aumenta su producción para ganar mercado, la capacidad de la OPEP para controlar la oferta mundial podría debilitarse.
Y eso puede acabar afectando a todos: desde las grandes compañías energéticas hasta los precios de la gasolina, el transporte y numerosos productos que dependen del petróleo.
La gran incógnita es si Irak conseguirá aumentar su producción sin desencadenar una guerra de precios entre los grandes productores.





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