Incendio forestal nocturno. Fuente Unsplash/Mike Newbry
Una ola de calor extremo, combinada con negligencias humanas, ha desatado en las últimas semanas una batería de incendios forestales que ya ha calcinado 43.000 hectáreas hasta finales de junio, un volumen un 19% superior a la media de la última década. El cambio climático no solo asfixia a la población en las ciudades: también reseca el monte desde finales de mayo y dispara la inflamabilidad de una vegetación cada vez más seca.
Los focos se repiten con un patrón inquietante. En Soneja (Castellón), donde el fuego ha entrado en el parque natural de la sierra de Espadán, la propia delegada del Gobierno valenciano admite que «no parecen causas naturales» y el Seprona investiga. En Les Gavarres (Girona), más de 2.000 hectáreas ardieron por chispas de una sierra radial usada sin permiso. En Aragón, Tamarite y Alcampell sumaron otras 2.000 hectáreas quemadas por una chispa de maquinaria agrícola. El fuego en Picos de Europa se investiga como intencionado.
Más del 90% de los incendios forestales en España tienen origen humano, ya sea por accidente, negligencia o intención, y el 70% de los casos investigados se atribuyen precisamente a la negligencia. Existen normativas que regulan qué trabajos están prohibidos en niveles de riesgo alto, pero la ola actual demuestra que la prevención y el control siguen siendo insuficientes frente a un territorio cada vez más inflamable.
El verdadero problema, sin embargo, es estructural: WWF calcula que España destina el 78% de sus recursos contra incendios a la extinción —entre 600 y 700 millones de euros anuales— frente a apenas un 12% destinado a prevención y gestión forestal, unos 180 millones. La experta de la organización, Lourdes Hernández, reclama «un cambio de estrategia que vaya más allá de la extinción y aborde una gestión integral basada en la prevención», con mosaicos agroforestales y planificación territorial.
El precedente de 2025 resulta revelador: a finales de junio de aquel año se habían quemado 17.500 hectáreas, pero en solo dos semanas de agosto se calcinó el 90% de toda la superficie del año. Sin un cambio real de modelo, la crisis climática seguirá multiplicando en cuestión de días la destrucción que hoy ya avanza a un ritmo alarmante.