Eva Orúe. Fuente EFE
La destitución de Eva Orúe como directora de la Feria del Libro de Madrid, cargo que ocupaba desde hacía cinco años, ha desatado una ola de apoyo desde libreros y editoriales independientes que reclaman una explicación que, de momento, la Asociación de Libreros de Madrid se ha negado a dar más allá de la vaga referencia a «una nueva etapa». La propia Orúe ha sido clara: «No comparto ninguna de las razones que han alegado, pero tienen la potestad de rescindir el contrato».
Librerías como Grant, Sigilo, Tránsito, Muñeca Infinita, Comisura, Girasol o Alberti se han volcado en mensajes de agradecimiento y tristeza por el cese, destacando el «cambio muy significativo en la programación cultural, la atención al detalle y el trato cercano» que su gestión trajo consigo. Como recuerdan varias de ellas, «en una feria no solo se venden o se firman libros. También se activan lecturas, conversaciones y relaciones», un matiz que corre el riesgo de perderse si el nuevo rumbo prioriza solo lo comercial.
Especialmente valiosa resulta la mirada de Pepe Olona, de Arrebato Libros y coordinador de Indómitas, el espacio de la Feria dedicado a editoriales independientes, fanzines y autoediciones que trabajan fuera de los márgenes del sector: fue Orúe quien, tras años de reivindicación del propio sector, aceptó e integró por primera vez este tipo de propuestas dentro del evento, equiparando a Madrid con otras ferias internacionales de referencia.
La incertidumbre que se respira entre las editoriales pequeñas y medianas no es cosmética. Desde Dos Bigotes advierten de que lo que realmente preocupa es «saber hacia dónde irá ese modelo de Feria, cuál será el nuevo reglamento y qué valor se le va a dar a la bibliodiversidad», así como si podrán seguir interviniendo activamente en la programación cultural. La pregunta de fondo es si la Feria seguirá siendo, como reclaman, «una celebración de la lectura y la cultura» y no un simple punto de venta.
El episodio pone de manifiesto una tensión que atraviesa buena parte de la cultura española: la fragilidad de los espacios ganados por la bibliodiversidad y la edición independiente frente a decisiones opacas tomadas por quienes gestionan las grandes instituciones culturales. Que el cambio de ciclo se construya, como piden las editoriales, «escuchando a todos los agentes implicados», será la prueba de si este relevo respeta lo construido o lo desmantela en nombre de una renovación sin rumbo claro.