Decenas de miles de personas salieron este fin de semana a las calles de varias ciudades alemanas para protestar contra el avance del partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), después de que la formación lograra la semana pasada su primera gran victoria electoral en Sajonia-Anhalt, un resultado que le abre por primera vez la puerta a gobernar un estado alemán.
Las movilizaciones se repitieron en varias ciudades a la vez: unas 25.000 personas se concentraron en Hamburgo, alrededor de 20.000 en Düsseldorf, entre 13.000 y 14.000 en Berlín y cerca de 5.000 en Leipzig, además de otras convocatorias en Múnich. Los organizadores lanzaron un mensaje directo a los partidos tradicionales: «El cordón sanitario se debe mantener de forma incondicional. Ninguna cooperación con AfD, en ningún sitio».
La advertencia no es retórica. En Sajonia-Anhalt, el partido BSW negocia ya su abstención para facilitar una investidura alternativa que evite un gobierno de AfD, en un equilibrio que muestra lo frágil que se ha vuelto el consenso antifascista que durante décadas mantuvo a la ultraderecha alemana al margen del poder.
El calendario electoral no da tregua: este fin de semana se vota en Berlín, y las encuestas en Mecklemburgo-Antepomerania anticipan que AfD podría ganar con hasta un 36% de los votos, lo que consolidaría su presencia en el este del país.
La respuesta ciudadana, masiva y sostenida en varias ciudades a la vez, confirma que una parte importante de la sociedad alemana no está dispuesta a naturalizar el ascenso de un partido señalado por sectores de sus propios servicios de inteligencia como una amenaza para la democracia. La calle, una vez más, se convierte en el último muro de contención frente a la extrema derecha.





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