Jueves, 27 de agosto de 2026
Internacional · Ciencia

Cuando la tierra se seca, el cuerpo también lo nota: la sequía dispara los partos prematuros, según un estudio

Healthcare professional performing an ultrasound scan on a patient in a medical clinic.

Fuente Pexels

Un equipo del Instituto de Investigación Sant Pau de Barcelona, en colaboración con el centro brasileño Cidacs, acaba de publicar en The Lancet Regional Health – Americas uno de los estudios más amplios hechos hasta la fecha sobre sequía y embarazo: casi 30 millones de nacimientos en Brasil entre 2001 y 2020. La conclusión es contundente. La exposición prolongada a la escasez de agua eleva un 2% la probabilidad de parto prematuro; si la sequía es severa o extrema, el riesgo sube hasta el 5%. En sequías largas, de seis a nueve meses, también aumenta entre un 1% y un 2% la probabilidad de que el bebé nazca con bajo peso.

El dato más duro llega al cruzar sequía con desigualdad: en los municipios con menor desarrollo socioeconómico, la exposición prolongada dispara el riesgo de parto prematuro hasta un 8-10%, casi el doble que en zonas con mejores condiciones. La doctora Aline Rocha, investigadora principal, lo explica sin rodeos: «nuestros resultados muestran que la sequía no es únicamente un fenómeno ambiental o agrícola, sino también un posible determinante de la salud materna e infantil». Su colega Otavio Ranzani añade que «la acumulación de riesgos puede aumentar considerablemente la vulnerabilidad durante el embarazo»: deshidratación, estrés térmico, desnutrición gestacional y menor acceso al seguimiento prenatal se combinan y se multiplican entre sí.

Durante años, la sequía se ha contado casi siempre como una historia de cosechas perdidas y embalses vacíos. Este estudio obliga a mirarla también en los cuerpos: en el útero de una mujer embarazada que no tiene agua suficiente, ni sombra, ni un centro de salud cerca al que acudir. Y como ocurre con casi todos los efectos del cambio climático, el castigo no se reparte igual: quien vive en un municipio pobre, sin infraestructura ni cobertura sanitaria, paga un precio biológico más alto por una crisis que no ha provocado.

Hablar de emergencia climática sin hablar de partos prematuros y de bebés con bajo peso es hablar solo de la mitad del problema. La otra mitad nace, literalmente, antes de tiempo.

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