China ha entrado en vigor desde el 15 de julio con una regulación pionera en el mundo: prohíbe por completo los chatbots de compañía emocional para menores de edad e impone restricciones estrictas a los dirigidos a personas adultas. Es la primera normativa de este tipo aprobada por un gobierno a esta escala.
Las autoridades chinas justifican la medida por el riesgo de que estos chatbots generen dependencia emocional o adicción, y advierten de que pueden sustituir la interacción social real, en un momento en que también se muestran preocupadas por el desplome de la natalidad y la formación de nuevas familias.
Grandes empresas tecnológicas como ByteDance, propietaria de la aplicación Doubao, ya han eliminado las funciones de «pareja virtual» de sus productos para adaptarse a la nueva normativa, que sí permite el uso de IA con fines educativos o de asistencia sin componente emocional.
La medida no está exenta de resistencia: una estudiante de Derecho de 19 años relató entre lágrimas la pérdida de acceso a su compañero de IA, aunque reconoció entender la necesidad de la intervención estatal. Su caso ilustra una realidad más amplia: cerca de un 20% de los hogares chinos son unipersonales, una cifra que se prevé supere el 30% en 2030.
El debate de fondo trasciende a China: qué papel debe jugar la regulación cuando la tecnología ofrece sustitutos cada vez más convincentes de vínculos humanos que, en realidad, no existen.





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