
El consumo excesivo de azúcares añadidos se ha convertido en una preocupación central para la salud pública.
El consumo excesivo de azúcares añadidos se ha convertido en una preocupación central para la salud pública. Expertos en nutrición advierten sobre su relación directa con el aumento de obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares, afectando a amplios sectores de la población.
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El Dr. Frank Hu, presidente del Departamento de Nutrición de la Escuela de Salud Pública de Harvard, señala que el azúcar presente en bebidas y alimentos procesados promueve el aumento de peso y, en consecuencia, incrementa el riesgo de enfermedades crónicas. Esta situación no solo afecta a quienes tienen sobrepeso; incluso personas con peso saludable pueden sufrir consecuencias metabólicas y emocionales debido al alto consumo de azúcar.
La nutricionista clínica Elaine Hon, de Stanford, destaca que los azúcares no utilizados se almacenan como grasa, agravando los riesgos metabólicos. Además, su consumo puede alterar el equilibrio intestinal y fomentar la inflamación crónica, asociada a enfermedades como Crohn y trastornos del estado de ánimo.
Ante esta realidad, es imperativo implementar políticas públicas progresistas que regulen la industria alimentaria, promuevan la educación nutricional y faciliten el acceso a alimentos saludables.
La reducción del consumo de azúcares añadidos no debe recaer únicamente en decisiones individuales, sino ser el resultado de un esfuerzo colectivo que garantice el derecho a una alimentación saludable para todos.
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