Martes, 6 de octubre de 2026
Nacional · Sociedad

Los militares siguieron agrediendo a migrantes en Ceuta tras las denuncias que Defensa conocía desde el 15 de septiembre

Ahmed (nombre ficticio) muestra las contusiones de su espalda que, según denuncia, fueron causadas por una paliza de militares en la playa de la Almadraba, en Ceuta, el pasado 27 de septiembre. Fran Sarrió Volpi

El Ministerio de Defensa conocía desde el 15 de septiembre las denuncias de palizas a migrantes en Ceuta, pero las agresiones continuaron al menos hasta el día 27. Así lo documenta elDiario.es, que ha reunido nuevos testimonios, vídeos y partes médicos de la ONG Médicos del Mundo sobre lo ocurrido en el entorno de la playa del Trampolín.

Las víctimas señalan a militares del Grupo de Regulares de Ceuta, los de las boinas rojas. Hablan de golpes, vejaciones y gas pimienta contra al menos tres menores, dos de ellos de 17 años. Una grabación del 23 de septiembre muestra una de las agresiones. Y un joven al que el medio llama Ahmed, nombre ficticio por seguridad, enseña los hematomas de la paliza que sufrió el día 27 y asegura que quiere denunciarla.

¿Y qué hizo Defensa mientras tanto? El departamento que dirige Margarita Robles no envió información a los juzgados hasta el pasado miércoles, y lo hizo después de la presión de Amnistía Internacional. Habían pasado más de dos semanas desde las primeras denuncias públicas.

Conviene precisar que, por ahora, se trata de denuncias y testimonios respaldados por vídeos y partes médicos que deberán investigar los tribunales: no hay sentencia ni responsabilidades fijadas. Pero la secuencia cronológica ya dice mucho por sí sola.

Las víctimas son jóvenes marroquíes, algunos menores, que viven a la intemperie y con muy poca capacidad de defenderse. Su caso llega, además, cuando la Policía acaba de iniciar el desalojo del asentamiento del Trampolín. Primero se les empuja a la precariedad; después, según los relatos, se les golpea; y quien denuncia lo hace con miedo a las represalias. Por eso las ONG reclaman garantías de seguridad para quienes se atreven a hablar.

Un Estado de derecho se mide por cómo trata a quienes no tienen quién los defienda. Si una institución sabe lo que ocurre y tarda más de dos semanas en mover ficha, la pregunta ya no es solo quién pegó, sino quién prefirió mirar hacia otro lado.

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