Tratar las aguas residuales de una ciudad consume mucha electricidad. En Nicosia, Chipre, una de sus principales depuradoras acaba de empezar a producir una parte de esa energía dentro de sus propias instalaciones.
En agosto de 2026 se conectó a la red un sistema de aproximadamente 1.860 paneles solares instalado en la New Nicosia Wastewater Treatment Plant, en Mia Millia/Haspolat. Tiene 1.018 kWp de potencia fotovoltaica y está previsto que produzca unos 1,6 millones de kWh al año.
Según la Comisión Europea, eso permitiría cubrir aproximadamente entre el 15% y el 18% del consumo eléctrico anual de la planta. No será autosuficiente, pero reducirá la electricidad tomada de la red.
Hay además otra pieza funcionando desde antes. Cerca del 30% de las necesidades energéticas de la depuradora ya se cubren con biogás producido en las propias instalaciones. La combinación muestra cómo un proceso tradicionalmente consumidor puede recuperar energía de los residuos que trata y sumar generación solar.
El caso tiene también una dimensión poco habitual. La planta trata aguas procedentes de ambos lados de Nicosia y forma parte de una infraestructura de cooperación entre las comunidades grecochipriota y turcochipriota. Un servicio compartido incorpora ahora también generación renovable.
La UE ha financiado el proyecto con 1,6 millones de euros y estima unas 830 toneladas anuales menos de CO₂, aunque esa cifra es una proyección previa al funcionamiento prolongado de la planta solar. Los ajustes y la aceptación final todavía estaban realizándose en septiembre.
Una depuradora seguirá necesitando energía.
La diferencia es que puede empezar a obtener una parte del sol y de aquello que antes considerábamos residuo.





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