Un vídeo difundido este 9 de septiembre muestra a un grupo de jóvenes identificados en redes como aficionados ultras del Real Madrid en los alrededores del Santiago Bernabéu coreando dos consignas: “Judío que veo, judío que pateo” y “España es cristiana y no musulmana”.
No hay elementos suficientes para afirmar que sean miembros de la cantera, empleados del club o representantes de toda la afición madridista.
Es importante decirlo.
También es importante escuchar lo que dicen.
El vídeo aparece después de que la Grada Fans realizara un homenaje a Ceuta durante el Madrid-Inter, desplegando sus símbolos en el fondo sur. El Real Madrid informó oficialmente del acto como una muestra de apoyo a la ciudad autónoma.
Apoyar a Ceuta no implica odiar a judíos ni musulmanes.
La distancia debería ser evidente.
Sin embargo, el odio convertido en coro no aparece en un vacío. Días antes, protestas por Ceuta en Madrid ya habían registrado consignas como “España es cristiana y no musulmana”.
Y las redes pueden acelerar ese tránsito.
Durante los disturbios racistas británicos de 2024, Reuters documentó cómo falsedades, mensajes antiinmigración y llamadas a la violencia circularon masivamente por plataformas digitales mientras se producían ataques reales en las calles.
Eso no demuestra que un tuit haya provocado este cántico concreto.
Demuestra algo más sencillo: repetir durante meses que determinados grupos religiosos son una amenaza normaliza un vocabulario.
Primero se escribe.
Después se comparte.
Y al final pasan las cosas que pasan.





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