El rey Harald V de Noruega ha muerto a los 89 años, tras 35 años en el trono, lo que le convertía en el monarca reinante más longevo de Europa. Le sucede su hijo, el príncipe heredero Haakon, que asume ahora la jefatura del Estado noruego.
Harald V accedió al trono en 1991 tras la muerte de su padre, Olav V, en un momento en que la monarquía noruega —una de las más austeras de Europa— llevaba décadas cultivando una imagen de cercanía y bajo perfil institucional, muy alejada del boato de otras casas reales del continente.
Durante su reinado, Noruega consolidó buena parte de su modelo de bienestar social financiado por los ingresos del petróleo, y la monarquía se mantuvo como una institución de amplio consenso social, en un país donde el debate republicano nunca ha llegado a tener demasiada fuerza pese a la existencia de voces críticas con la propia institución.
Haakon, de 52 años, hereda una monarquía que ha sabido adaptarse a los cambios sociales del país —incluida su propia boda con una madre soltera que generó cierto revuelo en su momento— y que ahora deberá seguir demostrando su relevancia en una sociedad escandinava que combina fuerte cohesión social con un debate constante sobre la utilidad de mantener instituciones hereditarias en democracias avanzadas.





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