Jueves, 27 de agosto de 2026
Internacional · Ciencia

La ciencia también tiene sesgo de género: la UE corregirá un informe sobre la menopausia hecho con datos de hombres

Group of senior women enjoying a fitness class with yoga mats. Positive and active lifestyle.

Fuente Pexels

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha anunciado que revisará un informe sobre la menopausia después de que se detectara que parte de los datos utilizados para elaborarlo procedían de estudios realizados exclusivamente en hombres. El error, lejos de ser una anécdota técnica, expone un problema estructural que la investigación médica arrastra desde hace décadas: el cuerpo masculino como referencia por defecto, incluso al estudiar procesos biológicos que, por definición, solo experimentan las mujeres.

La menopausia afecta a la práctica totalidad de las mujeres en algún momento de su vida, con síntomas que van del impacto hormonal al riesgo cardiovascular o la salud ósea. Que una institución con la relevancia de la EFSA haya podido apoyar recomendaciones sobre este proceso en datos que no correspondían a la población afectada da una idea de hasta qué punto el sesgo de género en la ciencia sigue sin corregirse de forma sistemática, incluso en instituciones supuestamente rigurosas.

Este no es un caso aislado. Durante décadas, buena parte de la investigación farmacológica y clínica se ha desarrollado tomando como sujeto de referencia a hombres de mediana edad, bajo el supuesto —nunca demostrado— de que sus resultados eran extrapolables al resto de la población. Las consecuencias no son solo teóricas: dosis de medicamentos mal ajustadas, síntomas de enfermedades cardiovasculares en mujeres que no se reconocen a tiempo por no encajar con el patrón «masculino» descrito en los manuales, y ahora, un informe sobre menopausia construido con datos que no reflejaban a quienes la sufren.

La rectificación de la EFSA es una buena noticia en la medida en que reconoce el error y corrige el rumbo. Pero también es un recordatorio incómodo de que la ciencia, lejos de ser neutral por definición, reproduce los mismos sesgos que el resto de las instituciones si nadie se ocupa activamente de corregirlos.

Que haga falta una revisión pública para que un organismo europeo trate la salud de las mujeres con el mismo rigor que la de los hombres no debería sorprender a estas alturas, pero sí debería seguir indignando. La ciencia que decide qué es sano y qué no, también necesita mirar con perspectiva de género.

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