The Conversation
Las líneas blancas que dejan los aviones en el cielo han alimentado durante años la teoría de los ‘chemtrails’, según la cual gobiernos u otras organizaciones utilizarían aeronaves para liberar sustancias químicas con objetivos como modificar el clima, provocar enfermedades o controlar a la población. Sin embargo, no existe evidencia científica que respalde esta teoría.
La explicación científica es mucho más sencilla. Se trata, en la mayoría de los casos, de estelas de condensación, conocidas como contrails. Se forman cuando el vapor de agua y otros productos de la combustión de los motores de los aviones entran en contacto con el aire extremadamente frío de las grandes altitudes. El agua puede condensarse y congelarse rápidamente, formando pequeños cristales de hielo que permanecen visibles en el cielo.
Que una estela desaparezca rápidamente o permanezca durante horas tampoco demuestra la existencia de sustancias químicas secretas. Su duración depende fundamentalmente de las condiciones atmosféricas, especialmente de la temperatura y la humedad. En ambientes suficientemente húmedos, los cristales de hielo pueden persistir y extenderse hasta formar nubes similares a los cirros.
Esto no significa que las estelas sean completamente irrelevantes desde el punto de vista climático. La ciencia estudia su posible efecto sobre el calentamiento atmosférico, ya que las nubes de hielo generadas por la aviación pueden modificar el equilibrio de la radiación terrestre.
Por tanto, distinguir entre un fenómeno atmosférico real y una teoría conspirativa sin respaldo científico resulta esencial para comprender qué ocurre realmente sobre nuestras cabezas.