En Bolivia, las Cholitas Skaters se suben al skate con pollera, sombrero y trenzas. La imagen llama la atención porque une deporte urbano e identidad indígena, pero su fuerza real está en otra parte: la memoria que rueda sobre cada tabla.
Las integrantes del grupo explican que usan la pollera como homenaje a sus abuelas y bisabuelas, mujeres que vistieron esa prenda durante buena parte de su vida y que pertenecieron a generaciones con muchas menos oportunidades para practicar deporte y ocupar espacios que hoy sus nietas pueden conquistar.
Para las Cholitas Skaters, la pollera no es un disfraz ni un elemento decorativo. Es una forma de llevar consigo una historia familiar y cultural mientras hacen algo que también representa libertad, movimiento y presente.
Ahí está la fuerza del homenaje.
Cada salto, cada caída y cada vuelta a levantarse conecta dos generaciones. Las abuelas aparecen en la memoria; las nietas ocupan ahora la pista.
El skate, históricamente asociado a una cultura urbana global y muy masculina, se mezcla aquí con una identidad indígena femenina que no necesita elegir entre tradición y modernidad.
Cholitas Skaters une ambas.
Y eso convierte la imagen en algo más que una curiosidad visual. Verlas patinar con pollera significa ver una tradición que no queda encerrada en el pasado, sino que sigue moviéndose, transformándose y encontrando nuevas formas de expresión.
Las Cholitas Skaters no patinan “a pesar” de sus raíces.
Patinan también gracias a ellas.
Y cuando avanzan sobre la tabla con la ropa que recuerda a sus abuelas, el homenaje no se queda quieto.
Se mueve con ellas.