Imagen generada con IA.
Los llamados teen takeovers se están expandiendo por ciudades de Estados Unidos como una señal incómoda de época: concentraciones masivas de adolescentes organizadas en redes sociales que acaban en peleas, destrozos, saqueos o choques con la policía. Associated Press describe ya el fenómeno como una tendencia nacional que ha obligado a imponer toques de queda, ampliar vigilancia y multiplicar detenciones, con más de 400 arrestos en el fin de semana del 4 de julio.
Pero el problema real no son solo los cristales rotos. El problema es el tipo de sociedad que fabrica jóvenes hiperconectados, vaciados de sentido y después se escandaliza cuando canalizan su energía con las herramientas que aprendieron del propio sistema. Si la política se expresa con brutalidad, si la televisión glorifica el dinero rápido, si la vida social se rompe y si la violencia imperial sigue apareciendo como lenguaje legítimo del poder, resulta ingenuo fingir que nada de eso baja a la calle.
En 2023, el CDC encontró que cuatro de cada diez estudiantes de secundaria en Estados Unidos sentían tristeza o desesperanza persistente, y dos de cada diez habían considerado seriamente el suicidio. El mismo organismo recuerda que la conexión social protege la salud y que el país atraviesa una epidemia de soledad y aislamiento señalada también por el Surgeon General.
Por eso la IA sola no salvará a nadie. La OCDE subraya que la inteligencia artificial puede revolucionar la educación, y la UNESCO insiste en que el futuro educativo debe servir para construir sociedades más justas, no solo más eficientes. Pero ninguna máquina entrega fraternidad, comunidad o propósito si lo que rodea a esa juventud sigue siendo precariedad emocional, competencia salvaje y una cultura que solo ofrece rendimiento o castigo.
Entonces la rabia busca la forma más cercana de existir. A veces esa forma es romper un local, tomar una avenida o responder con fuerza bruta a un mundo que les enseñó precisamente eso: conquistar espacio, imponerse, consumir, vencer. No es una justificación. Es una acusación al modelo.