Fuente Archivo El Solidario
¿Qué hace la ultraderecha cuando no puede combatir la historia con hechos? Se la inventa. Ese es el fondo del bulo que lleva años circulando sobre Blas Infante, el notario fusilado por el franquismo hace 90 años y reconocido por el Parlamento andaluz como padre de la patria andaluza: que se convirtió al islam durante un viaje a Marruecos en 1924.
El origen es real, la conclusión no. Infante viajó hasta Agmat buscando la tumba de Al Mutamid, último rey de la taifa de Sevilla, en una peregrinación que él mismo definió como espiritual, no religiosa. No hay ni una línea en sus escritos que hable de conversión, cambio de nombre o profesión de fe. Se casó por la Iglesia, bautizó a sus hijos y hasta una madre superiora intercedió por él ante el general golpista Queipo de Llano, sin éxito: fue fusilado el 11 de agosto de 1936.
El bulo, sin embargo, sí tiene un recorrido político clarísimo. Nació avivado por un libro publicado en los años 90 en Pakistán y ha sido reactivado en España por Vox y otros sectores de la ultraderecha con un objetivo: desprestigiar al símbolo del andalucismo y, con él, la propia idea de que Andalucía tiene una identidad y una historia propias, mestizas, incómodas para quienes solo admiten una España uniforme y sin matices.
Da igual que Infante fuera o no musulmán, insisten los historiadores que han estudiado su figura: lo grave es «faltar a la verdad y al rigor histórico» para borrar a un hombre que dedicó su vida a denunciar la opresión de los jornaleros andaluces. Reescribir su biografía es la forma más barata de silenciar lo que representaba: la libertad de pensar Andalucía fuera del molde que la ultraderecha quiere imponerle, hoy igual que hace 90 años.