Ni siquiera había pasado un día desde la posesión de Abelardo de la Espriella cuando Colombia recibió una imagen inquietante. En Palermo, Huila, civiles que intentaban regresar a unos terrenos desalojados se enfrentaron a la Fuerza Pública y varios videos difundidos en redes muestran a uniformados efectuando disparos durante el operativo. Medios locales confirman al menos un ciudadano herido.
Las publicaciones que circulan aseguran que militares dispararon armas de fuego contra personas desarmadas. Esa acusación requiere todavía una investigación independiente: no está confirmado públicamente qué munición se utilizó, quién efectuó cada disparo ni las circunstancias exactas del herido. Lo que sí está documentado es la intervención de la Fuerza Pública y la violencia registrada durante el desalojo.
El conflicto venía de días atrás. Más de 400 personas, entre ellas menores, personas mayores y mujeres embarazadas, habían sido desalojadas de siete predios en Palermo. El 8 de agosto, más de 300 intentaron regresar a terrenos públicos y zonas calificadas por las autoridades como áreas de protección.
Reducir todo a la palabra “invasores” borra una parte incómoda del problema: detrás de muchas ocupaciones existe una demanda desesperada de tierra y vivienda. Eso no convierte cualquier ocupación en legal ni elimina la obligación de proteger espacios ambientales. Pero tampoco convierte automáticamente a familias pobres en enemigas que deban ser tratadas como una amenaza militar.
El simbolismo político resulta difícil de ignorar. De la Espriella inició su Presidencia con un discurso especialmente dirigido a las Fuerzas Armadas y una promesa de “mano dura” en materia de seguridad.
No hay pruebas de que el nuevo presidente ordenara este operativo. Sería irresponsable afirmarlo.
Pero el nuevo Gobierno tiene ya una pregunta encima de la mesa: cuando una comunidad reclama tierra, ¿el Estado responderá con política social o con fusiles?
Colombia conoce demasiado bien lo que ocurre cuando los conflictos por la tierra terminan resolviéndose a tiros.