Fuente National Geographic
Dos potentes terremotos en Venezuela de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron el país el pasado 24 de junio, generando alarma y numerosas preguntas sobre cómo pudieron producirse casi al mismo tiempo. Aunque este fenómeno no es habitual, tiene una explicación clara en la geología de la falla del Caribe.
Estos sismos en Venezuela están relacionados con el movimiento entre la placa del Caribe y la placa suramericana, que se desplazan lateralmente en una zona conocida como falla de cizalla. En este tipo de fallas, los bloques de roca no chocan frontalmente, sino que se deslizan en direcciones opuestas, acumulando tensión durante años.
El llamado doblete sísmico ocurre cuando esa energía no se libera de una sola vez. Las fallas no son superficies uniformes: presentan zonas más resistentes, llamadas asperidades, donde la tensión se acumula con mayor intensidad. Cuando se produce el primer terremoto, parte de esa energía se libera, pero algunas de estas zonas pueden resistir inicialmente.
Es entonces cuando, minutos después, esa tensión restante termina cediendo, provocando un segundo gran terremoto. Así, la energía acumulada se libera en dos fases, generando dos eventos de gran magnitud en muy poco tiempo.
No es la primera vez que ocurre en esta región. En 2025 ya se registró un doblete menor, y existen precedentes históricos como el de 1812. Esto confirma que la actividad sísmica en Venezuela es constante, aunque menos intensa que en otras zonas como el cinturón del Pacífico.
Además, estos terremotos han sido detectados por sismógrafos de todo el mundo, registrando ondas durante horas. De hecho, las ondas sísmicas pueden dar varias vueltas a la Tierra tras un evento de gran magnitud, lo que permite estudiar en detalle su comportamiento.
En paralelo, apenas 25 minutos después, se produjo otro terremoto en Japón, aunque sin daños relevantes. La diferencia en el impacto entre ambos casos suele estar relacionada con el nivel de preparación ante este tipo de desastres.
En definitiva, el doble terremoto en Venezuela responde a un proceso natural bien conocido, aunque poco frecuente, que pone de relieve la importancia de comprender la dinámica de las placas tectónicas y mejorar la prevención ante futuros eventos.