Archivo El Solidario
Hoy en día, el patriotismo va mucho más allá de los símbolos o las consignas vacías. En pleno siglo XXI, defender a un país consiste en asegurar su soberanía económica, garantizar el bienestar real de su población y construir un proyecto colectivo propio que no dependa de intereses externos.
La soberanía energética se alza como un pilar fundamental en este camino. Apostar decididamente por las energías renovables autóctonas no solo protege el medio ambiente, sino que reduce la dependencia del exterior y abarata los costes para los hogares. En este sentido, impulsar la movilidad eléctrica deja de ser una mera cuestión tecnológica para convertirse en una estrategia industrial y social que genera empleo verde, innovación y autonomía.
Del mismo modo, la soberanía alimentaria resulta clave para la estabilidad frente a las crisis globales. Proteger nuestro campo, modernizarlo y vincularlo estrechamente a la ciencia y la tecnología es la mejor garantía para asegurar el sustento de la población de manera sostenible.
A esto se suma la urgencia de promover una producción industrial propia. Actualmente, los avances tecnológicos permiten que la competitividad dependa del desarrollo y la innovación, y no de abaratar los costes de la mano de obra. La reindustrialización es, por tanto, una meta viable para España y Europa.
El verdadero patriotismo del presente y del futuro no se demuestra exhibiendo banderas mientras se promueve la exclusión o el odio contra la igualdad de las mujeres, las personas vulnerables o racializadas. Defender la patria es transitar hacia modelos más justos, producir con conciencia, innovar y, por encima de todo, cuidar de la ciudadanía. Como consumidores, apoyar el comercio local y cooperativo es el primer paso para activar esta transformación desde abajo.