Composición propia para El Solidario utilizando imágenes de archivo: RTVE/Europa Press
¿Es posible declararse seguidor de Cristo y, al mismo tiempo, defender políticas que asfixian a los más vulnerables? El debate está más vivo que nunca. El cristianismo auténtico, aquel que emana directamente del Nuevo Testamento, nació como un poderoso mensaje de amor, justicia social y compasión. Sin embargo, asistimos hoy a una profunda ironía política: el auge de sectores de ultraderecha y partidos neofascistas que instrumentalizan la fe mientras priorizan la defensa de élites empresariales.
En los evangelios de Mateo y Lucas, Jesús no deja espacio a la duda; su mirada se dirige firmemente hacia los marginados: «Bienaventurados los pobres, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mateo 5:3). Su doctrina exige amar al prójimo como a uno mismo (Marcos 12:31) y condena con severidad la acumulación de riquezas a través de la parábola del camello y el ojo de la aguja (Mateo 19:24), advirtiendo lo difícil que es para un rico entrar al reino de Dios.
Jesús no teorizaba; actuaba. Al expulsar a los mercaderes del templo criticó de frente la explotación económica, y al multiplicar panes y peces para alimentar a las multitudes nos dejó el mayor símbolo de redistribución y cuidado colectivo.
Por eso, resulta una contradicción flagrante que quienes hoy se autoproclaman guardianes de estos valores apoyen medidas como recortes fiscales para corporaciones y desregulaciones que solo profundizan la desigualdad. Esta contradicción revela cómo el extremismo distorsiona la fe para justificar el poder económico, alejándose del núcleo humilde y equitativo de las enseñanzas de Jesús.
Al final, desmantelar este elitismo y recuperar la empatía social no es solo una cuestión teológica, sino un imperativo humano. Recordar el origen del cristianismo auténtico nos invita a entender que la verdadera trascendencia de una sociedad no se mide por su sumisión al capital opresor, sino por su capacidad compartida de sostener, proteger y dignificar a sus ciudadanos más vulnerables.