Fuente David F. Sabadell
Aprovechando el eco de la visita papal a la capital, decenas de trabajadoras de las escuelas infantiles de la Comunidad de Madrid han llevado a cabo una impactante performance en la Puerta del Sol. Ataviadas con sus características camisetas amarillas y cargando cruces de madera, han recreado un sentido «Vía crucis» para visibilizar la extrema precariedad laboral y la falta de reconocimiento oficial que asfixia a la etapa educativa de cero a tres años. Tras alcanzar la novena semana de una histórica huelga indefinida, las profesionales denuncian que las autoridades autonómicas continúan sin ofrecer compromisos globales y firmes.
Las principales reivindicaciones del sector apuntan al corazón del bienestar de la infancia y sus familias. La Plataforma Laboral de Escuelas Infantiles (PLEI) reclama con urgencia una bajada de ratios —actualmente inasumibles—, una financiación pública digna y salarios justos que superen los actuales mil ochenta euros mensuales. Aunque el colectivo arrancó una promesa parcial a la Consejería de Educación para implantar la pareja educativa en los futuros pliegos, la propuesta resulta del todo insuficiente para frenar lo que consideran una violencia institucional sistemática contra el ciclo educativo.
Esta protesta no solo ha generado una inmensa red de apoyo mutuo y solidaridad vecinal a través de su caja de resistencia, sino que ha prendido la mecha de la resistencia colectiva en todo el país. El ejemplo madrileño ya impulsa movilizaciones en Cataluña y Valencia, uniendo al profesorado en un frente común por la justicia social y la educación pública. Mantener este paro indefinido es un sacrificio inmenso de las educadoras para demostrar que cuidar y enseñar no puede seguir sosteniéndose sobre la explotación.