Tomos y grapas
Marjane Satrapi, la autora franco-iraní de Persépolis, ha muerto a los 56 años en París. Su familia comunicó que “murió de tristeza” poco más de un año después del fallecimiento de su marido, Mattias Ripa, según el comunicado recogido por medios internacionales.
Satrapi no fue solo una dibujante, escritora y cineasta. Fue una de esas voces capaces de explicar al mundo que detrás de cada revolución, de cada exilio y de cada régimen autoritario hay vidas concretas: niñas que crecen con miedo, familias rotas, mujeres vigiladas y pueblos que se resisten a perder su dignidad.
Con Persépolis, publicada en 2000, narró su infancia y adolescencia en Irán durante y después de la revolución islámica. Lo hizo con dibujos en blanco y negro, con humor, dolor y una enorme lucidez política. La obra se convirtió en un referente internacional y fue adaptada al cine en una película premiada en Cannes y nominada al Oscar.
Su compromiso fue mucho más allá del arte. Satrapi defendió los derechos humanos, la libertad de expresión y la lucha de las mujeres iraníes. En los últimos años participó en proyectos vinculados al movimiento “Mujer, Vida, Libertad”, nacido tras la muerte de Mahsa Amini, y en 2024 recibió el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades.
En 2025 rechazó la Legión de Honor francesa por considerar hipócrita la actitud de Francia hacia la disidencia iraní. Fue un último gesto coherente con toda una vida: no aceptar homenajes vacíos mientras se abandona a quienes luchan por ser libres.
Marjane Satrapi deja una obra imprescindible y una lección sencilla: contar la verdad también puede ser una forma de resistencia.