Argentina tiene a la Patagonia, Iguazú, glaciares, Los Andes, vino, gastronomía y Buenos Aires. Sin embargo, en 2025 recibió 5,68 millones de turistas internacionales y las llegadas cayeron un 14%.
El país tuvo la cuarta mayor caída porcentual entre los destinos que comunicaron resultados al Barómetro Mundial del Turismo. Brasil, Colombia y Chile recibieron más visitantes que Argentina.
Y el problema cuesta dólares.
La balanza de viajes terminó 2025 con un déficit de US$7.221 millones: los argentinos gastaron mucho más viajando al exterior de lo que dejaron quienes visitaron el país. El tipo de cambio apreciado hizo relativamente atractivo viajar fuera y, al mismo tiempo, encareció Argentina para muchos extranjeros.
Aquí hace falta una precisión.
Milei no creó todo el deterioro turístico argentino. El país lleva alrededor de 15 años perdiendo peso relativo. Argentina aparece entre apenas 21 países cuyos ingresos turísticos retrocedieron desde 2010, una lista donde abundan casos extraordinarios como Rusia, Ucrania, Israel y Palestina.
Pero el Gobierno tampoco puede refugiarse ahí.
En 2025 el deterioro ocurrió bajo su gestión, mientras especialistas señalaban problemas de competitividad, conectividad, promoción e inversión. Además, el Ejecutivo decidió dejar de financiar dos importantes encuestas del INDEC sobre turismo desde comienzos de 2026.
Durante 2026 aparecen algunas señales de recuperación: entran más extranjeros y se modera la salida de argentinos. Pero el primer semestre todavía terminó con 2,9 millones de turistas extranjeros frente a 6,38 millones de residentes viajando fuera.
Por eso el mercado necesita política.
Un paisaje extraordinario no construye conexiones aéreas.
No mantiene infraestructura.
No promociona destinos.
No protege patrimonio.
Argentina tiene con qué competir.
El desafío es entender que el turismo también requiere Estado, planificación y estabilidad económica.