Repsol obtuvo un beneficio neto de 5.006 millones de euros entre enero y septiembre de 2026, más de cuatro veces los 1.177 millones del mismo periodo de 2025. El resultado neto ajustado, que excluye partidas extraordinarias, fue de 5.419 millones, frente a 1.907 millones un año antes.
La compañía lo atribuye a los precios del petróleo, disparados por la guerra en Irán. El Brent promedió 97 dólares el barril en el tercer trimestre, un 40 % más, y el margen de refino alcanzó un máximo de 36,2 dólares por barril, cuando el récord anterior era de 23,3. A ello se suma un efecto positivo de 943 millones por la revalorización de sus existencias.
El área industrial, donde está el refino, concentró el grueso: 3.668 millones ajustados, frente a 540 el año pasado. La producción de crudo y gas, el negocio de Upstream, aportó 1.088 millones. El área de clientes ganó 613 millones, un 4,6 % más, y la generación baja en carbono, 43 millones, un 23 % más.
El flujo de caja de las operaciones fue de 6.503 millones, con una deuda neta de 2.038 millones y 11.922 millones de liquidez. Repsol prevé retribuir a sus accionistas con unos 3.000 millones en 2026 y destinar 11.500 millones a proyectos en España hasta 2030, el 60 % junto a sus grandes centros industriales. Calcula una contribución fiscal de 10.500 millones este año, el 72 % en España.
La empresa presenta estos resultados como un compromiso con el país: garantizar el abastecimiento y aliviar la volatilidad de los carburantes. Los números muestran, con todo, cómo un mismo episodio, la subida del crudo por la guerra de Irán, se reparte de forma muy distinta: engorda los márgenes de refino mientras presiona los precios de la energía para el resto de la economía.





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