La política occidental está tan de capa caída que ni siquiera la buena retórica es ya premisa de discurso. La arenga en la que se tiran al barro se parece más a un show televisivo que una plática para discutir y organizar el devenir de las complejas sociedades de hoy en día.
A pesar de todos los desafíos a los que nos enfrentamos actualmente, los máximos representantes políticos a nivel mundial dejan muchísimo que desear. Además y por desgracia, son escuchados, aclamados y vitoreados como si fueran gladiadores y el pueblo, un ente sediento de venganza y sangre.
Así, podemos confesar aunque sea a media voz, que la democracia, sistema que considerábamos la panacea, no lo es tanto y que en estos tiempos, está alzando a la cúspide a personas que vacilan con motosierras, deportan a personas como si fueran mercadería barata y montan manifestaciones donde motivan a las personas a pegar a los presidentes electos.
Milei en Madrid
A punto de cumplirse un año de la entrega de la Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid a Javier Milei, el presidente de Argentina volvió a la capital de España para enaltecer a las masas congregadas en el Palacio de Vistalegre para el cónclave neoliberal de Iván Espinosa de los Monteros, Esperanza Aguirre, Albert Rivera o Iker Jiménez.
El argentino subió al escenario en plena bacanal neoliberal para proclamar a los cuatro vientos, jaleado por una multitud de enfervorecidos privilegiados madrileños, sus clásicas soflamas antisocialistas y el habitual “viva la libertad, carajo” que incluso llegó a replicar el periodista otrora de sucesos y de lo paranormal Iker Jiménez; convertido en maestro de ceremonias de los ultras.
El Palacio de Vistalegre, que en tiempos celebraba triples o incluso verónicas, asistió a la ovación cerrada de insultos y amenazas. Retumbando en los altavoces los acordes de la canción Panic Show, de La Renga, y a modo de superestrella del wrestling, aparecía un Javier Milei que según llegó al atril pronunció siete palabras cargadas de violencia: “¡Viva la libertad, carajo! ¡Muerte al socialismo!”.
Un encuentro que se convirtió en otro aquelarre contra el jefe del Ejecutivo español, aunque sin mencionar directamente a Pedro Sánchez, y en el que el argentino también animó a los asistentes a “zurrar al bandido local”.
Proclama que animó a los pudientes de las gradas a responder a pleno pulmón con otro clásico: “¡Pedro Sánchez, hijo de puta!”.
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