Miércoles, 16 de septiembre de 2026
Nacional · Sociedad

Murcia permitió una marcha falangista en la que se hicieron saludos fascistas y se cantó el ‘Cara al Sol’

Escena recreada con IA.

Banderas falangistas, brazos en alto y el Cara al Sol volvieron a aparecer este domingo 13 de septiembre en las calles de Murcia durante una manifestación convocada por Falange Española de las JONS.

La marcha comenzó junto a la Cárcel Vieja de Murcia y terminó en la Catedral. Medios que documentaron el acto muestran y describen a participantes realizando el saludo fascista —también denominado saludo nazi por algunas informaciones—, portando simbología falangista y entonando el himno de Falange.

El lugar elegido para comenzar la movilización tiene una especial carga histórica. La antigua prisión provincial fue declarada oficialmente Lugar de Memoria Democrática en 2025 por su relación con la represión franquista y la persecución de opositores a la dictadura.

El recorrido finalizó además ante la Catedral de Murcia, donde todavía permanece la inscripción dedicada a José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange. El Gobierno incorporó este año la inscripción al catálogo oficial de elementos contrarios a la memoria democrática y ordenó al Obispado su retirada.

¿Por qué pudo celebrarse?

Aquí existe una diferencia jurídica importante. La Constitución y la Ley Orgánica del Derecho de Reunión establecen que las manifestaciones no necesitan autorización previa: deben comunicarse a la autoridad y solo pueden prohibirse en determinadas circunstancias, como cuando existan razones fundadas de alteración del orden público con peligro para personas o bienes.

Otra cuestión es lo que ocurra durante el acto. La Ley de Memoria Democrática considera contrarios a la memoria democrática aquellos actos públicos que combinen la exaltación de la dictadura o de las organizaciones que la sustentaron con el menosprecio o humillación de sus víctimas. Si se detectan hechos que pudieran constituir delito, la ley establece que deben ponerse en conocimiento de la Fiscalía.

El episodio vuelve así a colocar sobre la mesa un debate complejo: cómo garantizar la libertad de manifestación sin desproteger la dignidad y la memoria de las víctimas de una dictadura.

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