La extrema derecha española se presenta como firmemente monárquica. Pero esa lealtad proclamada entra en contradicción cuando se compara con los mensajes institucionales que Felipe VI ha repetido en los últimos años: convivencia democrática, respeto, pluralismo y rechazo de los extremismos.
En su discurso de Navidad de 2025, el Rey advirtió del peligro de los extremismos, la desinformación y la erosión de la convivencia, recordando que la democracia no se sostiene sola y que necesita responsabilidad colectiva. RTVE resumió aquel mensaje como una advertencia ante radicalismos y populismos, con la convivencia democrática como eje central.
La contradicción es evidente. La Corona se utiliza muchas veces como símbolo emocional, como bandera identitaria, pero se ignora aquello que el propio jefe del Estado dice representar: un marco constitucional basado en pluralismo, respeto institucional y convivencia.
La extrema derecha se alimenta con frecuencia de la confrontación permanente, la simplificación del conflicto político y la deslegitimación del adversario. Ese clima choca con cualquier idea seria de convivencia democrática.
Incluso Vox evitó apropiarse del discurso del Rey tras sus advertencias sobre extremismos, según recogió la Cadena SER después del mensaje navideño.
La pregunta, por tanto, no es si el Rey “tiene miedo” a Vox. La pregunta más útil es otra: ¿puede alguien defender la monarquía parlamentaria mientras normaliza discursos que deterioran la convivencia democrática?
Usar la Corona como símbolo y despreciar los valores democráticos que dice encarnar es una contradicción que la extrema derecha nunca termina de resolver.