España bate récords de generación renovable mes tras mes. Y aun así, en junio de 2026 tuvo que desperdiciar 712,6 gigavatios hora de energía limpia que sus propias plantas eran capaces de producir. La razón no es falta de sol ni de viento: es que el 83% de los nudos de la red eléctrica está saturado, según datos del sector recogidos por El Periódico de la Energía. Casi el 10% de toda la generación renovable programada este verano se ha limitado por restricciones técnicas.
El problema tiene nombre: cuellos de botella en la red de transporte y distribución. Instalar paneles solares o aerogeneradores es, hoy, más rápido y más barato que ampliar la infraestructura que debería transportar esa energía hasta los hogares. El resultado es una paradoja incómoda: España produce más limpio que nunca, pero una parte de ese esfuerzo se pierde literalmente en el camino.
Mientras tanto, el negocio no se detiene, aunque cambia de manos. El gigante francés TotalEnergies ha comprado el negocio de renovables terrestres de Shell en Europa —unos 500 MW en operación y una cartera de 3.500 MW, parte en España— y ha vendido a la vez el 50% de una cartera de 1.200 MW en España, Alemania, Francia y Polonia a un fondo gestionado por KKR, por 1.800 millones de euros. Más de 1.270 MW de nueva potencia renovable, el 98% solar, han recibido autorización administrativa solo este mes.
La transición energética avanza, pero cada vez más como un activo financiero que se compra y se vende entre grandes fondos de inversión, mientras la red pública que debería sostenerla sigue sin la inversión necesaria para no quedarse corta. No es un detalle técnico menor: cuando la infraestructura no da abasto, quien paga la factura de esa lentitud no son los fondos que capitalizan el negocio, sino los consumidores que siguen esperando una energía más barata que no siempre termina de llegar.
Descarbonizar no es solo instalar paneles. Es también decidir quién controla la red que decide cuánta de esa energía limpia llega realmente a los hogares — y quién se queda con el margen mientras tanto.





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