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Miles de personas mayores de 30 años que continúan viviendo con sus padres por dificultades económicas podrán acceder al Ingreso Mínimo Vital (IMV) gracias a una reforma impulsada por el Gobierno. La nueva normativa elimina uno de los principales obstáculos para solicitar esta prestación: convivir en el domicilio familiar ya no impedirá recibir la ayuda, siempre que el solicitante pueda demostrar que no forma parte de la unidad económica de sus progenitores y cumple el resto de requisitos.
La medida responde a una realidad cada vez más frecuente en España. El elevado precio de la vivienda, la precariedad laboral y las dificultades para emanciparse han provocado que muchos adultos regresen o permanezcan en casa de sus padres pese a tener una economía independiente.
La cuantía máxima del IMV para una persona sola asciende en 2026 a 733,6 euros mensuales, aunque la cantidad final dependerá de los ingresos y del patrimonio del solicitante. No se trata de una ayuda automática, sino de una prestación destinada a complementar los recursos económicos hasta el umbral garantizado por la Seguridad Social.
Los beneficiarios deberán acreditar una situación de vulnerabilidad económica, tener residencia legal en España y cumplir las condiciones establecidas por la Seguridad Social. En el caso de los mayores de 30 años, será necesario demostrar que mantuvieron una vida independiente durante el año anterior o que concurren las excepciones previstas por la normativa.
Con esta reforma, el Ejecutivo pretende adaptar el Ingreso Mínimo Vital a una realidad social marcada por las dificultades de acceso a la vivienda y ofrecer una mayor protección a quienes, pese a convivir con su familia, carecen de recursos suficientes para desarrollar un proyecto de vida autónomo.