EFE
Lejos de frenarse, el coche eléctrico se consolida en Europa como una de las principales herramientas para hacer frente a la emergencia climática. A pesar de las dificultades iniciales, cada vez más países refuerzan su apuesta por una movilidad limpia, accesible y sostenible, en línea con los objetivos de reducción de emisiones.
El transporte es responsable de cerca del 25% de los gases de efecto invernadero en la Unión Europea, lo que convierte la electrificación del parque automovilístico en una prioridad. Frente a los vehículos de combustión, los eléctricos permiten reducir de forma significativa las emisiones de CO₂, especialmente cuando se combinan con energías renovables.
Además, el avance tecnológico está abaratando costes y mejorando la autonomía, lo que facilita su acceso a más sectores de la población. A esto se suma la expansión de la infraestructura de recarga y las políticas públicas que impulsan una transición justa, con ayudas y planes de movilidad sostenible.
Más allá del mercado, el coche eléctrico representa un cambio de modelo: menos dependencia de combustibles fósiles, más soberanía energética y ciudades con menos contaminación. En plena crisis climática, apostar por esta transformación no es solo una opción, sino una necesidad colectiva.