Reuters
Las olas de calor, los incendios forestales y las temperaturas superiores a los 40 grados están modificando los hábitos turísticos en Europa. Muchos viajeros empiezan a replantearse sus vacaciones de verano y buscan destinos con climas más suaves, especialmente en el norte del continente o en zonas de montaña.
Durante décadas, el sol y el calor han sido grandes reclamos de países mediterráneos como España, Italia o Grecia. Sin embargo, los expertos advierten de que el problema no son solo las temperaturas máximas, sino también las noches tropicales, los riesgos sanitarios y las dificultades para realizar actividades al aire libre durante las horas centrales del día.
El sector turístico afronta ahora un nuevo escenario. Hoteles, administraciones y empresas trabajan en medidas de adaptación climática como más zonas de sombra, sistemas de refrigeración eficientes, cambios de horarios y campañas de prevención.
Aunque el turismo mediterráneo seguirá siendo un destino atractivo, el calor extremo empieza a cambiar las prioridades de los viajeros, que buscan disfrutar del verano sin que las altas temperaturas condicionen su experiencia.