En Doral, una ciudad de Florida con mayoría de población venezolana, el miedo se ha instalado en las calles. Los arrestos de ICE pasaron de solo tres en diciembre de 2025 a diecisiete en julio de 2026, y los vecinos ya no se sienten seguros ni conduciendo hasta el colegio de sus hijos.
La paradoja es dolorosa: Doral votó en un 60% por Donald Trump en 2024. Buena parte de esa mayoría era venezolana, opositora al chavismo y convencida de que el expresidente endurecería la frontera sin tocarlos a ellos. Hoy, esa misma comunidad vive bajo la amenaza de las políticas que ayudó a elegir.
La conductora Lisbeth Lovo lo resume así: hay padres que ya no se atreven a llevar a sus hijos al colegio y prefieren pedir que alguien más los lleve. El concejal Rafael Piñeiro ha pedido que sean los tribunales de inmigración, y no las redadas en la calle, quienes decidan caso por caso. La propia alcaldesa, Christi Fraga, ha reconocido que la situación está golpeando la economía local: los negocios reportan caídas de ventas de hasta el 70%.
El «zar de la frontera» de Trump, Tom Homan, no ha dado señales de marcha atrás. Según él, los votantes «eligieron a Trump para hacer cumplir la ley» y presume de tener «la frontera más segura de la historia», con cifras récord de deportaciones: 49.571 arrestos de ICE solo en julio de 2026 a nivel nacional, la cifra más alta del segundo mandato.
El impacto no se limita a Doral. Un estudio de la UCLA sobre Los Ángeles detectó 46.000 visitas menos de clientes a los negocios latinos en solo dos semanas tras las redadas, con pérdidas estimadas en 3,16 millones de dólares. Entre los trabajadores agrícolas encuestados por la UFW Foundation, el 92% dijo que las redadas afectaron su empleo, y el 90% expresó miedo a la separación familiar.
Incluso dentro del Partido Republicano crecen las dudas. El congresista Carlos Giménez, de Miami, ha admitido que lo ocurrido con ICE «ha dañado» a los republicanos entre la comunidad hispana. La contradicción es evidente: quienes pidieron mano dura contra la inmigración irregular no imaginaron que esa misma mano dura terminaría tocando a su puerta.





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