El calentamiento global superará probablemente el umbral de 1,5 grados fijado en el Acuerdo de París. Es la conclusión del informe sobre la brecha de emisiones 2026 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), que añade que incluso el escenario más favorable pasaría por un rebasamiento temporal.
Ese escenario, el de menor exceso, alcanzaría un pico de 1,7 a 1,8 grados a mediados de siglo y regresaría por debajo de 1,5 hacia 2100. Para lograrlo, las emisiones tendrían que bajar un 18 % en 2030, un 45 % en 2035 y un 69 % en 2040 respecto a las de 2025, y además habría que retirar de la atmósfera unas 320 gigatoneladas de CO₂ a lo largo del siglo, equivalentes a unas ocho veces las emisiones de 2024.
La realidad va por otro camino. Con las políticas actuales, el planeta se encamina hacia los 2,8 grados, y si todos los países cumplieran íntegramente sus compromisos nacionales, hacia unos 2,6. Esos compromisos, sin embargo, solo recortan las emisiones un 5,8 % en 2030 y entre un 11 % y un 15 % en 2035. El informe atribuye el deterioro de las perspectivas, en parte, a la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París y a la revisión al alza de las emisiones históricas.
Hay una nota de esperanza para frenar el calentamiento. La capacidad renovable instalada ha crecido unas tres veces más rápido de lo previsto desde París, y más de 220 análisis de políticas públicas apuntan a cambios estructurales ya en marcha.
El secretario general de la ONU, António Guterres, lo resumió así: «El rebasamiento no es una rendición». La distancia entre lo que se promete y lo que se hace sigue siendo el principal obstáculo.





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