Producir hidrógeno con agua de mar parece una solución evidente.
El océano es enorme.
El problema es que electrolizar directamente agua marina resulta complicado: las sales favorecen corrosión, reacciones no deseadas y menor eficiencia.
Un equipo de investigadores acaba de probar una alternativa.
En lugar de introducir directamente agua de mar en el electrolizador, su sistema utiliza el calor residual generado por el propio proceso para destilarla primero.
Así obtiene agua adecuada para producir hidrógeno y, al mismo tiempo, genera agua dulce adicional.
El sistema piloto de 20 kW funcionó durante 100 días de manera estable y produjo alrededor de 3,8 metros cúbicos normales de hidrógeno por hora y 1,2 kilos de agua dulce.
Después, los investigadores lo escalaron hasta 250 kW, alcanzando 48 Nm³ de hidrógeno y 31,6 kilos de agua dulce por hora.
El estudio, publicado en Nature Energy, calcula además una mejora del 14,4% en eficiencia eléctrica frente a producir hidrógeno mediante electrólisis alcalina de agua dulce sin aprovechar ese calor residual.
Todavía no estamos ante una solución desplegada masivamente.
Pero plantea una idea interesante para territorios donde coinciden dos necesidades:
energía limpia y escasez de agua dulce.
Si el hidrógeno renovable va a crecer, también habrá que preguntarse de dónde sale el agua que necesita.
Esta tecnología intenta que producir energía no signifique competir por un recurso cada vez más valioso.





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