Luigi Cani llevaba décadas lanzándose desde aviones. Había superado los 14.000 saltos y conseguido varios récords mundiales. Pero en 2022 decidió utilizar su profesión para algo diferente.
Esta vez no saltó solo.
A unos 4.200 metros de altura, sobre una zona degradada de Novo Aripuanã, en el estado brasileño de Amazonas, Cani acompañó en caída libre una enorme caja biodegradable que contenía unos 300 kilos y cerca de 100 millones de semillas de 27 especies nativas. A unos 300 km/h alcanzó el contenedor y liberó las semillas sobre el terreno.
El proyecto necesitó años de preparación, permisos y una logística capaz de transportar toneladas de material hasta una región de difícil acceso.
Pero conviene no confundir una imagen espectacular con una solución mágica.
La investigadora de Embrapa Elisa Wandelli explicó que la siembra aérea puede contribuir a la restauración, pero su eficacia depende del suelo, las especies, la germinación, los animales que puedan comerse las semillas y muchas otras condiciones. Una gran cantidad nunca llegará a convertirse en árbol. Embrapa también señala que la siembra directa requiere grandes cantidades de semillas precisamente por estas pérdidas.
Quizá por eso el salto tiene otro valor.
Cani sabía caer del cielo.
Y utilizó aquello que sabía hacer para conseguir que millones de personas miraran hacia abajo.
Hacia una selva que seguimos perdiendo.
No todas las personas pueden lanzar 100 millones de semillas desde un avión. Pero esta historia deja una pregunta mucho más cercana:
¿qué ocurriría si empezáramos a utilizar lo que sabemos hacer también para cuidar aquello que es de todos?





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