El documental Naza, dirigido por los israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor, recibió una ovación de 25 minutos tras su estreno en el Festival de Venecia, el pasado 10 de septiembre. Es el único documental entre los 21 largometrajes que compiten este año por el León de Oro.
La película recoge los testimonios anónimos de 24 miembros de la inteligencia militar y unidades de élite israelíes, que explican cómo se planifican los ataques sobre Gaza desde oficinas en Tel Aviv y cómo se calculan de antemano las muertes de civiles que cada bombardeo puede provocar. «Naza» es, precisamente, el término militar israelí para referirse a esas víctimas civiles consideradas asumibles.
Según relatan los propios testigos, el ejército israelí se apoya en sistemas de inteligencia artificial y en el rastreo de teléfonos móviles para identificar objetivos, tratando las muertes civiles como una variable más de una ecuación. El documental cita a Primo Levi y Hannah Arendt para enmarcar lo narrado dentro de lo que la propia Arendt llamó «la banalidad del mal».
Durante la mayor parte del metraje, quienes hablan ante la cámara describen operaciones que «el mundo entero califica como crímenes de lesa humanidad» mientras el propio testimonio las presenta como legítima defensa. Solo en los últimos minutos, la película cambia de registro y muestra a familias entre los escombros de Gaza, dando rostro humano a las cifras que antes se habían enunciado con frialdad.
Abraham fue uno de los directores de «No Other Land», ganadora del Óscar al mejor documental en 2025, y Naza se apoya en investigaciones previas publicadas por The Guardian, que también figura entre sus productores junto al cineasta Jonathan Glazer. El Gobierno israelí ha rechazado las acusaciones sobre el uso de inteligencia artificial para señalar objetivos civiles.
Naza no es una película sobre las víctimas de Gaza, sino sobre quienes deciden, con datos y algoritmos, cuántas de esas vidas se pueden sacrificar sin que se rompa el relato de la legítima defensa. La ovación de Venecia sugiere que ese relato empieza a resquebrajarse incluso entre quienes solo van al cine a ver historias.





Deja un comentario