Más de 650.000 refugiados y solicitantes de asilo en Sudán del Sur se enfrentan a una situación límite ante el riesgo de perder la ayuda alimentaria y nutricional que necesitan para sobrevivir. ACNUR y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) han lanzado una nueva alerta ante el desplome de la financiación humanitaria.
La situación es especialmente grave para las 240.000 personas refugiadas más vulnerables. Si no llegan nuevos fondos, la última asistencia alimentaria y nutricional destinada a ellas se distribuirá en septiembre. El resto de los beneficiarios ya recibe únicamente alrededor del 50% de una ración alimentaria completa.
Sudán del Sur atraviesa además una de las peores crisis alimentarias del mundo. Más de 7,8 millones de personas sufren inseguridad alimentaria aguda y alrededor de 2,2 millones de niños padecen malnutrición aguda. La situación se complica durante la temporada de lluvias, cuando las inundaciones dificultan el transporte, escasean los alimentos y aumentan los precios.
La crisis está estrechamente relacionada con la guerra que continúa en el vecino Sudán. Desde el inicio del conflicto en 2023, más de 1,4 millones de refugiados y retornados han cruzado hacia Sudán del Sur, mientras siguen llegando alrededor de 3.000 personas cada semana, aumentando la presión sobre unos recursos humanitarios ya desbordados.
La falta de financiación también amenaza los avances logrados para que las familias refugiadas puedan alcanzar una mayor autosuficiencia económica. ACNUR solo ha recibido el 28% de los 286 millones de dólares que necesita para sus programas de 2026. El PMA, por su parte, afronta un importante déficit para mantener sus operaciones durante los próximos meses.
Ante este escenario, las agencias de Naciones Unidas reclaman financiación urgente y flexible. Porque para quienes huyeron de una guerra buscando seguridad, quedarse ahora sin alimentos puede convertir el refugio en una nueva emergencia.





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