La expansión agrícola se ha convertido en el principal motor de la pérdida de bosques tropicales. Un nuevo análisis elaborado por expertos internacionales estima que entre el 90% y el 99% de la deforestación tropical está relacionada directa o indirectamente con la agricultura.
El fenómeno no se limita a la tala de árboles para crear nuevos campos. La demanda mundial de determinados productos agrícolas genera una compleja cadena de producción que puede provocar la conversión de bosques en tierras de cultivo y pastos. Entre las materias primas asociadas a este proceso destacan la soja, el aceite de palma, el cacao, el café y la carne de vacuno.
La ganadería y la producción de soja tienen un peso especialmente importante en regiones como la Amazonia. Un informe de WWF estimó que entre 2018 y 2022 los productos agrícolas estuvieron relacionados con la deforestación de 8,6 millones de hectáreas de bosque amazónico.
El problema tiene además una dimensión global. Una parte de estas materias primas se produce para abastecer mercados situados a miles de kilómetros, lo que convierte nuestros hábitos de consumo en una pieza más de la llamada deforestación importada.
La lucha contra la pérdida de bosques exige, por tanto, actuar no solo sobre quienes talan, sino también sobre las cadenas de suministro, las empresas y los sistemas de producción y consumo. La trazabilidad y una agricultura capaz de aumentar su productividad sin seguir avanzando sobre los bosques serán claves para frenar una amenaza que afecta al clima, la biodiversidad y millones de personas.





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