En un mundo del fútbol acostumbrado a los contratos millonarios, los coches de lujo y las mansiones, Sadio Mané decidió utilizar parte de su éxito para cambiar la vida de quienes nunca tuvieron las oportunidades que él consiguió. El futbolista senegalés ha convertido su fortuna en escuelas, hospitales, instalaciones deportivas y ayudas directas para su comunidad.
Mané nació en Bambali, una pequeña localidad de Senegal donde pasó una infancia marcada por las dificultades económicas. Allí vivió una experiencia que terminaría marcando su vida: su padre murió cuando él tenía solo siete años y la falta de atención sanitaria cercana fue determinante. Años después, cuando alcanzó la élite del fútbol, decidió construir precisamente aquello que había faltado a su familia: un hospital. En 2021 destinó alrededor de 500.000 libras a su construcción.
Pero su compromiso no terminó con la sanidad. Mané también financió una escuela, proporcionó ordenadores a los estudiantes y ayudó a llevar internet 4G a la localidad. Además, Bambali cuenta gracias a sus proyectos con instalaciones deportivas, una oficina de correos y una gasolinera.
Su ayuda también se ha traducido en apoyo económico directo a las familias y premios para estudiantes con buenos resultados académicos. Durante la pandemia de COVID-19, además, realizó una donación de unas 41.000 libras al comité nacional de lucha contra la enfermedad en Senegal.
Mané resumió alguna vez su filosofía con una pregunta que explica buena parte de su trayectoria: ¿para qué quería diez Ferrari, veinte relojes de diamantes o dos aviones? Su respuesta estaba en su propia historia: había pasado hambre, había trabajado en el campo y había jugado al fútbol descalzo.
Su mayor legado, por eso, quizá no esté en los goles, títulos o premios que ha conseguido. Está en haber utilizado el éxito para que otros niños de Bambali puedan tener aquello que él no tuvo: educación, salud, deporte y oportunidades.





Deja un comentario