Hay formas de soledad que no siempre se ven. Una persona puede vivir de manera independiente, salir a hacer sus compras, hablar con su familia o mantener sus rutinas y, sin embargo, echar de menos algo tan sencillo como tener con quién compartir una conversación, una actividad o un momento del día.
La soledad no deseada se ha convertido en uno de los grandes retos sociales de nuestro tiempo. Y abordarla requiere algo más que ofrecer compañía puntual: requiere crear oportunidades reales para que las personas puedan relacionarse, participar y construir nuevos vínculos.
Con esta mirada trabaja Otra Generac(c)ión, un programa dirigido a personas mayores de 60 años que busca prevenir y disminuir situaciones de soledad no deseada a través de la participación social y el intercambio entre generaciones.
Ese intercambio permite que la relación no se base únicamente en la necesidad de recibir ayuda. También existe la posibilidad de enseñar, participar, aportar y sentirse útil. Y ahí está una de las claves del proyecto: cambiar la mirada sobre el envejecimiento y reivindicar el papel activo de las personas mayores dentro de la comunidad.
Compartir un desayuno, participar en una actividad, aprender algo nuevo o simplemente conversar puede convertirse en el primer paso para que una persona vuelva a sentirse conectada con su entorno. El proyecto plantea una cuestión que va mucho más allá de las personas participantes: ¿qué podemos hacer, como sociedad, para que nadie deje de sentirse parte de ella por el hecho de cumplir años?
La respuesta puede empezar por algo tan cotidiano como dedicar tiempo a los/as demás. Porque, muchas veces, acompañar también significa abrir espacios para compartir, participar y volver a conectar.
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Cuando compartir tiempo también es una forma de cuidarse





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