Lunes, 31 de agosto de 2026
Nacional · Sociedad

70.000 cruces en dos días, casi 17.000 mensajes de odio en 72 horas: el termómetro oficial que midió el racismo digital tras Ceuta

EFE

Entre el 30 y el 31 de julio, más de 70.000 personas cruzaron de forma masiva desde Marruecos hacia Ceuta. La respuesta en redes sociales fue inmediata y desproporcionada: el sistema FARO —Filtrado y Análisis de Odio en las Redes, dependiente del Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (Oberaxe)— detectó 6.615 mensajes de odio el 1 de agosto, el pico más alto registrado en todo 2026.

En apenas tres días, entre el 30 de julio y el 1 de agosto, la cifra alcanzó los 16.992 mensajes, un incremento del 264,1% respecto al 29 de julio, cuando se habían contabilizado 1.817. El fenómeno no fue un pico aislado: julio completo cerró con 57.406 contenidos de odio detectados en Facebook, Instagram, X, TikTok y YouTube, y la cifra ya suma 68.200 hasta el 23 de agosto.

Oberaxe ha analizado el contenido de esos mensajes y el retrato es claro: el 70% se dirigía contra personas del norte de África, el 54% vinculaba la llegada de migrantes con inseguridad ciudadana, el 33% atacaba directamente las políticas migratorias y un 15% recurría a acusaciones de agresiones sexuales. El propio observatorio habla de «narrativas deshumanizantes» que presentan a quienes migran como una amenaza, no como personas que huyen de algo.

Ahí está el matiz que las cifras solas no cuentan: no es la llegada de personas lo que genera el discurso de odio, es la interpretación política e informativa que se hace de esa llegada. Los mismos hechos podrían narrarse como una crisis humanitaria que exige respuesta institucional. En cambio, se convierten en munición para discursos que ya circulaban antes de julio y que solo necesitaban una excusa para intensificarse.

Que exista un sistema como FARO capaz de medir esta violencia digital es un paso necesario. Pero medir no es frenar: mientras el odio se dispara un 264% en tres días, las personas migrantes que cruzaron el Estrecho siguen siendo tratadas como un problema de seguridad y no como lo que son, seres humanos huyendo de circunstancias que casi nadie elige.

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