Jueves, 27 de agosto de 2026
Nacional · Sostenibilidad

El 99% de las casas en España no es eficiente — y rehabilitarlas se ha vuelto un lujo

Solo el 1,1% del parque de viviendas en España cuenta con la calificación energética más alta, la A. El resto —prácticamente toda la vivienda del país— consume más de lo que debería, en un contexto en el que los hogares concentran cerca de una cuarta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero del planeta. Y aun así, España rehabilita energéticamente apenas el 0,08% de su parque cada año, muy por debajo del 2% que marca como mínimo la Comisión Europea, y lejos de países como Francia o Alemania.

La Unión Europea exige un cambio de ritmo: la nueva directiva comunitaria de eficiencia energética obligará a establecer una calificación mínima E para poder vender o alquilar una vivienda, lo que el Ministerio de Vivienda calcula que afectará a más de ocho millones de hogares que tendrán que rehabilitarse. El objetivo declarado es combatir la pobreza energética. La realidad es más compleja.

Rehabilitar una vivienda puede suponer un ahorro de hasta el 60% en la factura energética y revalorizar el inmueble entre un 8% y un 12%, según estimaciones de Idealista y Tinsa. Son cifras atractivas — para quien puede permitirse la inversión inicial. Ahí está la grieta: quien tiene el capital para rehabilitar ahorra más y gana valor patrimonial; quien no lo tiene sigue pagando facturas más altas en una vivienda que, además, pierde competitividad en el mercado. La eficiencia energética, pensada como herramienta contra la desigualdad, corre el riesgo de convertirse en un nuevo marcador de clase.

El sector inmobiliario ya lo interpreta como una oportunidad de negocio: consultoras como Property Partners hablan abiertamente de que la nueva normativa «actuará como catalizador del mercado», empujando a muchos propietarios de vivienda antigua a elegir entre invertir o vender. Es una lectura legítima desde el punto de vista financiero. Pero deja fuera la pregunta que más importa: qué pasa con quien no puede elegir ninguna de las dos opciones.

Descarbonizar el parque de viviendas es urgente y necesario. La cuestión de fondo es si España va a hacerlo garantizando que ninguna familia se quede fuera del proceso, o si va a dejar que sea, una vez más, el bolsillo quien decida quién vive en una casa eficiente y quién sigue pagando el precio de no poder permitírsela.

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