Alvise Pérez se ha definido públicamente como un “analfabeto académico”. La expresión vuelve a circular en redes acompañada de mensajes que presentan su falta de titulación como una virtud frente al mundo universitario.
El eurodiputado inició Ciencias Políticas, pero no terminó la carrera. Esa circunstancia nunca debería utilizarse para ridiculizar a nadie. Millones de personas no tienen estudios universitarios y poseen conocimientos, oficio y experiencia que ningún diploma puede sustituir.
El problema aparece cuando no estudiar se convierte en argumento político contra el propio valor del conocimiento.
Pérez construyó buena parte de su influencia fuera de las instituciones académicas, principalmente en redes sociales. En 2024 consiguió más de 800.000 votos y tres escaños europeos con Se Acabó la Fiesta, demostrando precisamente que una titulación no es requisito para participar en democracia.
Pero representar a ciudadanos exige ciertos requisitos: leer legislación, contrastar datos, comprender presupuestos, escuchar especialistas y aceptar que desconocer algo obliga a aprenderlo.
Ahí está el mensaje importante para la juventud.
Una persona joven no necesita una carrera universitaria para tener valor ni para construir una buena vida.
Pero aprender sigue importando.
Puede hacerse en una universidad, una FP, un taller, un libro, un oficio o trabajando junto a alguien que sabe más.
Presentar la ignorancia como autenticidad es una trampa especialmente peligrosa en política, donde las decisiones afectan a millones de personas.
No necesitamos dirigentes que presuman de saberlo todo.
Necesitamos personas capaces de reconocer cuándo todavía tienen algo que aprender.





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