Imagen generada con IA.
Thodoris Zavradinou-Karampampas tenía 20 años, era autista y tenía reconocida oficialmente una discapacidad del 89%. Durante la madrugada del 8 de julio, una persecución policial terminó en Argos, Grecia, cuando abandonó su vehículo y trató de escapar a pie. Estaba desarmado. Dos policías abrieron fuego al menos 20 veces y una bala lo alcanzó en la cabeza. Murió días después. Los dos agentes quedaron en prisión preventiva y fueron acusados de homicidio doloso mientras continúa la investigación balística.
Autism Europe advierte de que comportamientos asociados al autismo —pánico, huida, sobrecarga sensorial o dificultad para responder— pueden ser interpretados erróneamente por policías sin formación como desafío o agresividad. En el caso de Thodoris, su madre explicó que había entrado en pánico. La diferencia debía entenderse, no recibir veinte disparos.
El asesinato provocó protestas en Argos y Atenas. El 25 de julio, ciudadanos, organizaciones antirracistas y colectivos de personas con discapacidad volvieron a recorrer Argos reclamando justicia y denunciando la violencia policial. Entonces la policía volvió contra quienes cuestionaban precisamente a la policía. Los antidisturbios utilizaron gases lacrimógenos y agentes químicos para dispersar a los manifestantes y realizaron al menos una detención.
La historia no terminó allí.
El hombre detenido durante aquella protesta fue juzgado posteriormente por resistencia y por supuestamente lesionar a un agente. El 11 de agosto fue absuelto. Testigos declararon que los antidisturbios habían iniciado la tensión y que el detenido se interpuso cuando policías golpeaban y empujaban a manifestantes, incluidas mujeres y menores. La fiscalía tampoco encontró acreditada la supuesta lesión policial ni que hubiera opuesto resistencia.
Ahí la impunidad se reproduce de una forma especialmente peligrosa.
Primero, un joven autista muere bajo disparos policiales.
Después, ciudadanos salen a exigir explicaciones.
Y la respuesta vuelve armada con porras, gases y detenciones.
Pero una democracia necesita algo más que reconocer un exceso después de una muerte.
Necesita formar a sus policías antes.
Necesita que la discapacidad sea comprendida.
Y necesita fuerzas de seguridad capaces de proteger una protesta, incluso cuando es en contra de su propio accionar.
Porque pedir justicia también es ejercer democracia.