El País
Abelardo de la Espriella ha llegado a la Presidencia de Colombia con un discurso de mano dura, patriotismo y confrontación con la izquierda. El abogado penalista, de 47 años y sin experiencia previa en cargos públicos, ha construido su carrera política alrededor de una imagen provocadora y una retórica especialmente agresiva contra sus adversarios.
Durante la campaña prometió utilizar «todo el peso de la ley» contra sus opositores y llegó a hablar de «destripar» a la izquierda, extraditar a Gustavo Petro a Estados Unidos y enviar a prisión al candidato progresista Iván Cepeda. «Yo vine a enfrentarlos, a castigarlos, a derrotarlos», llegó a afirmar.
Su modelo político bebe de dirigentes como Nayib Bukele, Donald Trump y Jair Bolsonaro. De Bukele toma la apuesta por la seguridad y promete construir diez megacárceles, además de un plan para capturar a diez cabecillas de grupos armados durante sus primeros 90 días. También defiende una mayor libertad para portar armas.
Su campaña estuvo marcada por el espectáculo político: más de un centenar de ciudades, grandes pantallas, vídeos generados con inteligencia artificial, pólvora, fuego, drones y una estética patriótica construida alrededor de la bandera y la camiseta de la selección colombiana.
Pero su trayectoria también arrastra controversias. Sus críticos recuerdan su relación profesional con paramilitares, políticos vinculados a esos grupos y el empresario Alex Saab, además de su defensa de David Murcia, responsable del caso DMG.
De la Espriella ha convertido así la política colombiana en una batalla entre orden y caos, patria e izquierda, con una presidencia que promete una fuerte polarización y un estilo de gobierno basado en la confrontación.