Imagen generada con IA
La imagen es sencilla y brutal: un niño duerme dentro de un coche estacionado en Ceuta.
No está viajando. Ese coche es, por una noche, su refugio.
Reuters fotografió el 7 de agosto a un menor migrante no acompañado durmiendo dentro de un vehículo cedido por residentes. Vecinos que ya no tenían espacio en sus casas comenzaron a utilizar coches y estructuras improvisadas para proteger a jóvenes que habían quedado sin alojamiento tras las llegadas masivas desde Marruecos.
Mientras tanto, la infancia espera fuera.
El Gobierno español había registrado 1.342 menores y esperaba trasladarlos gradualmente a la península. Las instalaciones de Ceuta estaban totalmente sobrepasadas: espacios concebidos para alrededor de 90 menores atendían a cerca de 1.100, mientras las ONG advertían de que la cifra real podía ser todavía mayor.
Save the Children lanzó una advertencia elemental desde el comienzo de la emergencia: ningún niño debería pasar una noche sin alojamiento seguro, atención especializada y evaluación individual de sus necesidades de protección.
Sin embargo, algunos duermen en playas, calles, almacenes improvisados o coches.
Y los derechos llegan tarde.
La discusión política gira alrededor de repartos autonómicos, competencias, devoluciones y números. Todo eso requiere gestión. Pero un menor no se convierte en adulto mientras una administración determina quién debe pagar su cama.
Tampoco deja de ser niño por haber atravesado una frontera de manera irregular.
Muchos residentes de Ceuta están haciendo aquello que las instituciones todavía no consiguen garantizar: ofrecer comida, agua y vigilancia o simplemente un lugar donde cerrar los ojos. Reuters ha documentado directamente esa red improvisada de solidaridad.
No debería depender de ella.
La solidaridad tapa agujeros, pero no sustituye un sistema público de protección.
España puede discutir mañana cómo repartir responsabilidades.
Esta noche hay menores que necesitan dormir.
Y un asiento reclinado dentro de un coche nunca debería convertirse en la respuesta europea para un niño solo.