Fuente Archivo El Solidario
Donald Trump ha aprobado aranceles de entre el 25% y el 50% a la importación de superficies de cuarzo artificial, una medida que entra en vigor el 15 de agosto y que golpea directamente a Cosentino, la multinacional almeriense que obtiene el 52% de sus ventas en Norteamérica. La compañía, con 5.800 empleados en todo el mundo, ha comunicado ya a su plantilla que trabaja en distintos planes de contingencia ante lo que reconoce como una decisión relevante.
Cosentino facturó 1.400 millones de euros en 2025, mantiene 3.900 empleos en España, la mayoría en su planta de Cantoria (Almería), y otros 1.900 repartidos por el resto del mundo. Ya el año pasado sus ventas a Estados Unidos habían caído un 9% por el encarecimiento arancelario previo, un retroceso que hasta ahora había logrado compensar con el crecimiento en Europa Occidental. El nuevo arancel amenaza justo su principal motor de ingresos, a solo días de entrar en vigor.
Detrás de la medida no hay una defensa neutral de la industria estadounidense, sino el interés muy concreto de Cambria, el gigante del cuarzo con sede en EEUU cuyo consejero delegado, Marty Davis, es donante habitual de la campaña de Trump. La orden exime a países como Canadá, México o Corea del Sur, pero deja fuera a la Unión Europea y a China, sus competidores más directos. Es el patrón habitual del proteccionismo de Trump: aranceles presentados como defensa nacional que, en la práctica, benefician a quien mejor conecta con la Casa Blanca.
Mientras las negociaciones bilaterales siguen abiertas, en la comarca almeriense del Almanzora la incertidumbre ya se respira, porque Cosentino es prácticamente sinónimo de empleo industrial en la zona. La empresa recuerda que construye una fábrica en Jacksonville (Florida), pero de momento evita aclarar si esa planta absorberá producción hoy hecha en Cantoria o si habrá ajustes de plantilla en España. La lógica de fabricar en suelo estadounidense que impone Washington traslada el riesgo, una vez más, a los trabajadores del lado equivocado del Atlántico.
El pulso arancelario recuerda que el proteccionismo nunca es neutral: siempre reparte ganadores y perdedores, y esta vez los perdedores tienen nombre y apellido en miles de nóminas almerienses. Si Bruselas y Madrid no logran torcerle el brazo a Washington antes del 15 de agosto, la factura de una decisión tomada para favorecer a un solo donante la acabarán pagando quienes nunca se sentaron en esa mesa.